En un equipo pueden convivir usos muy distintos de la IA: redactar correos, resumir documentos o preparar una propuesta. El primer paso es conocerlos. Una conversación sobre tareas concretas suele ser más útil que empezar con una lista extensa de herramientas.
Después se puede elegir un ejercicio compartido y definir qué sería un buen resultado. Para un resumen, por ejemplo, habría que comprobar si conserva los hechos, distingue lo confirmado de lo pendiente y permite localizar el documento de origen. La evaluación debe formar parte del ejercicio.
Es conveniente acordar qué materiales se pueden utilizar. Para practicar, se pueden preparar documentos ficticios o contenidos autorizados. Las decisiones sobre información de clientes y acceso a herramientas deben seguir las políticas de la organización y los permisos del servicio contratado.
Una pauta de uso puede ser breve: tarea, contexto que se puede aportar, resultado esperado y persona que lo revisa. Es más fácil aplicar unas pocas instrucciones concretas que recordar una presentación completa. El equipo debe poder consultar esas pautas cuando aparezca una duda.
En las sesiones proponemos comparar respuestas y detectar sus fallos. Cambiar el contexto de una petición, pedir que identifique información ausente o contrastar una afirmación con el documento ayuda a entender por qué una respuesta bien redactada puede seguir siendo incorrecta.
La formación también debe distinguir funciones. Dirección necesita criterios para decidir qué probar; un equipo operativo necesita práctica con sus tareas. El nivel inicial y el tiempo disponible condicionan el programa. No todos necesitan el mismo recorrido.
Después de las sesiones, conviene revisar qué usos se mantienen y qué dudas aparecen. Ese seguimiento permite ajustar las pautas.
Preguntas frecuentes
¿La formación es genérica?
No. Parte de vuestras funciones, herramientas y documentos.
¿Necesitamos experiencia previa?
No. Ajusto el nivel y avanzamos desde usos sencillos.